La audiencia, el impacto y las imágenes

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Hassel Fallas autor

Transmitir las noticias sobre el dolor y la injusticia de las guerras para que las audiencias globales las vean sin correr peligro. En la sala de estar, a kilómetros, o a miles de kilómetros de distancia del hecho.

 Aunque, una a una, esas fotografías nos recuerdan los horrores cometidos por la humanidad, podríamos ser ya insensibles (periodistas y audiencia) ante la desdicha de los otros. Vivimos, como nunca, en un mundo “ultrasaturado” de imágenes, advierte Susan Sontag en su libro Ante el dolor de los demás.

 ¡Es una desgracia que aquello ocurra! (¿Una más entre las tantas mundialmente difundidas?), pero, ¡qué fortuna que no me pase a mí eso que parece una película. Es tan real el estallido de la bomba en la pantalla de alta definición mientras veo a Anderson Cooper de CNN arriesgar su vida en Gaza!

Desde un computador o una televisión basta un clic en el mouse o en el control remoto para pasar la página y evadir lo visto. O también, sugiere Sontag,  para no olvidar y reflexionar sobre la  guerra, “inevitable, pero  una aberración”.

Ver las imágenes de guerra desde la ética, cómo mi actuar de periodista -que elige esta o aquella imagen – afecta a los demás. ¿Pero lo hacemos? ¿Cómo analizamos cada imagen antes de utilizarla? Según el cristal ético, moral, cultural y social con que se mire.

 ¿Cómo reaccionamos ante la desdicha de los otros? Con imparcialidad, con morbo, considerando el valor mercantil de la imagen, con indiferencia, con simpatía, reconociendo o no la belleza en la estética de la desgracia o identificándonos si en la memoria quedó grabada una experiencia sobre algo similar.

Y cómo reflexionar para decidir con qué criterio optamos por una imagen en lugar de otra en una sociedad de información mundializada, en la cual ya es norma que las tomas de un evento se reproduzcan cientos de veces perdiendo o adquiriendo otro significado en la industria del entretenimiento, que convirtió la guerra, la desgracia, en una mercancía.

Y en ese mismo contexto, ¿queremos los periodistas solo mostrar la crueldad de la guerra o analizamos, concienzudamente, el impacto que tendrá la imagen antes de lanzarla al mundo, la moralizamos o la justificamos al calor de una lucha patriotera o nacionalista?

Frente a esa sociedad con sobreoferta de información e imágenes navegando presurosamente por la red, pero con escasez de reflexión, Sontag nos plantea pensar, detenerse, deliberar sobre las fotografías nuestras de cada día y su contexto.

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Susan Sontag nación en 1933 y falleció en 2004. Su vida la dedicó al arte y al pensamiento. Doctora en filosofía, escritora, directora de cine. Fue una destacada intelectual.

Nos mueve y remueve las estructuras de la pasividad frente a esa intoxicación a la que asistimos y ante la cual, a fuerza de hábito, nos hemos convertido en “espectadores (y simples reproductores, agregaría yo) de las calamidades” producidas por “esos turistas” (periodistas, nosotros mismos) en la industria de la noticia.

Es contra la velocidad con quien batallamos hoy los periodistas. Compitiendo por ser los más rápidos, los primeros en producir y distribuir información en la Internet. Con cuánta rapidez puede la ética periodística alcanzar las velocidades de los bytes para discernir qué y que no publicar. Para definir el impacto monetario de ¿cuánto vende la tragedia? versus ¿cuánto desensibiliza?  Y el dolor de los otros,  ¿cómo lo valoramos, cómo nos influye para decidir cuando se trata de la desdicha del otro o de la propia?

Lo que plantea Sontag no es sencillo de dirimir editorialmente hablando. Porque creemos en el carácter objetivo de la fotografía como el “relato transparente de la realidad”.

La máxima de la Agencia de Fotografía Magnun en el París de 1947, citada por la escritora, está vigente: La labor del fotoperiodista es “hacer la crónica de su tiempo, sea de paz o de conflicto, como testigos imparciales libres de prejuicios patrioteros”.

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“Las fotografías trazan las rutas de referencia y sirven de tótem para las causas: es más probable que los sentimientos cristalicen ante una fotografía que ante un lema”, dice la escritora en su libro: Ante el dolor de los demás

Y si nos cuestionamos si debemos defender a los oprimidos, ¿qué aplicamos: Ética o misericordia a las imágenes que divulgamos? Es éticamente justificable no mostrar los cuerpos cercenados cuando se trata de una masacre local, pero ¿sigue siéndolo cuando sí mostramos, crudamente, una violencia similar ocurrida en algún país de África, porque esa es la realidad? El dolor de lejos no es el mismo que el vivido de cerca.

Es misericordia censurar ciertas imágenes para no herir la sensibilidad de los otros, pero, a la vez, es censurar una parte de la realidad.

Personalmente creo que, a la hora de exponer imágenes, no es ético medir con una vara diferente el dolor de lejos y el dolor de cerca.  Revictimizamos cuando se relativiza la importancia del otro porque no es nosotros o uno de los nuestros más cercano.

Sontag menciona un caso durante la guerra contra el terrorismo de EE.UU. en 2001, cuando el New York Times publicó el tríptico de Tyler Hicks sobre la ejecución de un soldado talibán.

“Pero sin duda el soldado talibán herido que ruega por su vida y cuyo destino se retrató de modo destacado en The New York Times también tenía una mujer, hijos, padres, hermanas y hermanos, algunos de los cuales quizás algún día se hallen con las tres fotografías en color de su esposo, padre, hijo, hermano al que se masacra; si acaso no las han visto ya”.

También podríamos preguntarnos si con la difusión de ciertas imágenes nos convertimos en eco de una justificación política o para hacer justicia por las propias manos.

Porque, siguiendo el ejemplo de Hicks, diríamos que sus piezas son fotografía objetiva de un momento,  pero “las intenciones del fotógrafo no determinan la significación de la fotografía, que seguirá su propia carrera, impulsada por los caprichos y las lealtades de las diversas comunidades que le encuentren alguna utilidad”.

No solo debemos reflexionar los periodistas en el impacto de la imagen, sino para cuáles causas repugnantes o justas puede ser usada; como bien escribe Sontag: “Las fotografías trazan las rutas de referencia y sirven de tótem para las causas: es más probable que los sentimientos cristalicen ante una fotografía que ante un lema”.

Artículo sobre el libro Ante el dolor de los demás de Susan Sontag para el curso Los Medios Digitales y el Periodismo de la Maestría en Periodismo Digital de la Universidad de Alcalá de Henares.


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