Periodismodedatos (abiertos) y democracia

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Hassel Fallas autor

Cuando algo es transparente lo podemos ver claramente, desde cualquier arista que queramos. Es algo que no deja cabida a dudas ni es ambiguo. En una democracia transparente los ciudadanos tienen el derecho a exigir que el Estado, los gobiernos, los dejen mirar, analizar y juzgar sus decisiones sin que les pongan un velo que dificulte la visión.

Antes de iniciar, y para dar un contexto general, les ofrezco mi definición de Periodismo de Datos y otras consideraciones pertinentes para tener en cuenta durante esta lectura:

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¿Cómo se hace? Primero, solicitando o extrayendo de Internet bases de datos con información pública. Con esa materia prima aprovechamos las tecnologías y programas disponibles (gratuitos o de pago) para entrevistar a las bases de datos y extraerles conclusiones de valor que nos sirvan de cimiento para la investigación.

Esas conclusiones se representan y presentan por medio de visualizaciones de datos y/o aplicaciones interactivas. El periodismo de datos es Periodismo de Investigación porque exige corroborar, validar, cruzar los datos con otras fuentes de información y un reporteo a profundidad.

 ¿Cuáles son las contribuciones del periodismo de datos a la democracia?

Creo que una democracia verdadera debe permitir la participación de sus ciudadanos en las decisiones del Estado. Desde su origen, ese es el objetivo del sistema. La palabra democracia es la fusión de las palabras pueblo y poder. A la democracia, como palabra, solemos sumarle una más: transparencia.

Cuando algo es transparente lo podemos ver claramente, desde cualquier arista que queramos. Es algo que no deja cabida a dudas ni es ambiguo.  En una democracia transparente los ciudadanos, los habitantes del país,  tienen derecho a exigir que el Estado, los gobiernos, los dejen mirar, analizar y juzgar sus decisiones sin que les pongan un velo que dificulte la visión.

Para poder tener los elementos necesarios para pedirle al Estado rendir cuentas por la forma en que usa los bienes y el poder que se le han encomendado, es necesaria la información y un compromiso propio para ser vigilantes de las decisiones de aquellos en quienes se ha delegado el poder.

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Acceso a la información. En una democracia transparente los gobiernos son abiertos con la información, con la data que generan. Y ser abiertos significa estar comprometidos a entregar los datos, que son enteramente públicos, y que producen con una buena parte de los impuestos pagados por los ciudadanos.

Un Estado realmente abierto no se creé el dueño de los datos públicos. No teme entregar aquellos que respaldan su función y se supone son pilar para tomar sus decisiones. No teme que estas bases de datos sean evaluadas por terceros para ayudarle a mejorar o se le señalen errores de gestión.

Esa apertura a entregar datos debe cumplir varias cualidades para que los ciudadanos y los periodistas puedan analizarlos, que sirvan de insumo para investigar, señalar fallos del sistema o generar información y conocimiento que ayuden a mejorar la calidad de vida de la sociedad.

Un Estado que pregona la democracia, la transparencia y la apertura de datos está dispuesto, incluso, a entregar esas bases con datos enteramente públicos en su estado puro; es decir, hacer una copia, tal cual, de los datos que tiene en sus servidores y darla al solicitante en cualquier tipo de dispositivo electrónico.

Tampoco  pondrá trabas para que después de meses, usted tenga que recurrir a la Sala Constitucional – como ocurre en Costa Ricapara que los magistrados se pronuncien sobre su petición, una que, claro está debe estar fundamentada en un verdadero interés público, un interés periodístico.

Una segunda condición para poder hacer análisis de datos es el formato, recibir los datos en archivos de Excel, TXT, CSV y cualquier otro formato que fácilmente se pueda meter en un software de análisis.

La pesadilla del PDF

Lamentablemente, uno de los obstáculos más recurrentes que sufrimos los periodistas de datos se llama PDF. Mucha de la información que se supone debe ser abierta no lo es porque está atrapada en un PDF y quienes trabajamos con datos sabemos el dolor de cabeza que es extraer la información de allí sin que pierda sentido, sin que se desordene.

Cuando una institución puede darle la data en un archivo de Excel o CSV, pero decide convertirla a PDFs, está  entorpeciendo la labor del ciudadano o del periodista que quiere ejercer su derecho a saber y a pedir cuentas a las instituciones por medio del análisis de datos.

Peor aún si lo que convierte a PDF son imágenes de los datos que entregará. Lo que hace, definitivamente, imposible su extracción y entonces, debe transformarse, manualmente, en una base de datos funcional.

Un punto más, relevante en este asunto de los datos abiertos, : Si una institución tiene un portal de datos abiertos, la información debe estar completa y actualizada. No se vale incluir solo una porción de los datos. Tampoco poner los porcentajes de impacto de X o Y, porque un porcentaje sin su base no sirve para nada. Igual que una data con dos o tres años sin actualizarse.

Teniendo en cuenta esas consideraciones de acceso a la información, creo nos acercamos al impacto que el Periodismo de Datos tiene en la democracia. La función primordial del periodismo debe ser la investigación, es lo que permite hacer un escrutinio a profundidad de la gestión del Estado y saber si se está cumpliendo a cabalidad con valores de la democracia como la rendición de cuentas.

También tenemos la función de promover el debate, de hacer un llamado a la gente para que ejerza su poder para cambiar las situaciones que le afectan. En ese sentido el periodismo de datos viene a aportarnos nuevas herramientas a los periodistas para hacer mejor investigación. También nos permite acercarnos más a los ciudadanos para colaborar e intensificar ese compromiso de ser vigilantes de la transparencia democrática.

¿Cómo se logran esos objetivos?

El análisis de datos facilita revelar cuestiones encubiertas, deliberadamente o no. Por eso es necesario que cada vez más las instituciones se comprometan y ejecuten verdaderas políticas de datos abiertos.

Cuando usted está frente a una masa de datos puede ver, no solo el bosque completo, sino también enfocarse en conglomerados de árboles y determinar cuáles de ellos tienen mayor o menor impacto en un problema específico. O incluso, descubrir anomalías que ni siquiera le habían pasado por la mente.

Los datos, por ejemplo, permiten decirle a la gente cuánta de la plata recibida por las municipalidades para obras comunales, realmente se está invirtiendo. O, ¿cómo distribuye una institución su presupuesto? Cuánta gente sabe qué, en las bases datos de compras públicas de Costa Rica se puede encontrar cifras tan curiosas como que una entidad pública gastó más de ¢2 millones en agendas ejecutivas y ¢3 millones en paraguas negros? O que teniendo cuatro periodistas contrató una asesoría en comunicación por ¢30 millones.

Díganme si no resulta interesante desmenuzar en qué están gastando las entidades lo que pagamos en impuestos. Cuando usted como periodista presenta sus conclusiones, pero además pone a disposición de la gente una aplicación con toda la data que acompañó su investigación, los lectores pueden sumergirse en ella y sacar sus propias conclusiones.

También pueden extraer datos que afectan a su comunidad y tomar decisiones o exigir rendición de cuentas a partir de ellos.
Una ventaja más: si le permitimos a la gente descargar la base de datos que utilizamos, también les damos la posibilidad de que elaboren su propio análisis. De que encuentren cosas que nosotros no vimos o incluso errores. Y eso fortalece la interacción, hace que la relación periodista ciudadano sea más horizontal.

Ciertamente nos falta mucho camino por andar y deben hacerse ajustes en el modelo de periodismo de investigación basada en análisis de datos. Pero actualmente es una de las mejores formas de fortalecer el escrutinio del sistema democrático y velar porque realmente sea transparente.

Por eso es necesario abrir mayor cantidad de datos; no solamente conformarse con que sean públicos, sino ofrecerlos en formatos que puedan ser útiles para los medios y los ciudadanos.


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