“Un visualizador de datos es un híbrido entre un diseñador y un periodista”

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Hassel Fallas autor

Uno de los beneficios que el periodismo basado en el análisis de bases de datos aporta, para la generación de informaciones más precisas y de impacto para la audiencia, viene de la mano y genio de los visualizadores de datos, expertos en hacer que los números comuniquen, visualmente, un mensaje efectivo.

¿Cómo lo logran?, ¿cuáles son sus características?, ¿cómo se desarrolla ese perfil en una sala de redacción?, ¿cuáles son sus valores y sus reglas del juego?

Exploro esas y otras aristas en esta entrevista con Marco Hernández, visualizador de datos del diario South China Morning Post, en Hong Kong, y hasta hace unos meses visualizador de datos de la Unidad de Inteligencia de Datos de La Nación.

 ¿Quién es un visualizador de datos?

La persona que trabaja en visualización de información, enlazada con el periodismo de bases de datos, es un visualizador de datos. No se trata de un diseñador o de un periodista tradicional. Se trata de un híbrido que se ha desarrollado y adaptado a las necesidades de la comunicación de los últimos tiempos.

 Un visualizador de datos es un diseñador sensible a la información, no por estética, sino por aplicación. Debe mantener en mente que está diseñando para hacer más fácil y profunda la experiencia de la información para el usuario, trascender el nivel en que este pueda leer mediante códigos visuales o claves, o por medio de la simplificación de relaciones complejas.

¿Por qué debe ser un híbrido: mitad diseñador gráfico, mitad periodista?

Debe ser un híbrido, tiene que serlo, no hay otra vía en que se pueda concebir ese perfil. Si es un diseñador enamorado y apasionado de la forma y el color, solamente, no podrá conceptualizar la información en función de las personas que van a consumirla. Y si es un periodista enamorado solo del texto le costará demasiado desprenderse de eso y organizar la información en formato visual. Debe mantenerse en el centro siempre, relacionado con los dos mundos.

Usted estudió diseño gráfico como carrera, no es periodista de profesión. ¿Cómo se convirtió en ese híbrido, entonces?

En mi caso particular las pequeñas experiencias periodísticas, sin saberlo, me acercaron allí. Para conceptualizar ideas visuales debía investigar, explorar datos, acercarme a la arquitectura de la información y a la tradicional del diseño, aprender a construir bases de datos. Sin saberlo me fui metiendo a esto como una necesidad del área de Infografía, donde trabajaba en La Nación.

Hay diseñadores que creen que ser buen dibujante es todo, otros no tenemos ese talento.  Entonces, en mi caso, tuve que ir más allá de ese talento, dirigirme hacia la extracción de datos, la codificación de la data y su lenguaje para entender cómo aplicarlos a la visualización.

Todos los diseñadores van evolucionando su propia carrera para no ser obsoletos ante un software, otro artista o cualquier otra tecnología o habilidad que los deje atrás.

Siempre hay que estar alerta para crear o aprovechar un nicho nuevo. En el caso de la visualización esta no es una moda que arrancó hace diez años, es un tema tan antiguo como la humanidad misma.

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Sin embargo, nos parece novedosa porque hasta hace muy poco estuvo en manos de científicos. Ahora no, quienes trabajamos en comunicación y otros campos tenemos acceso a ella.

En el caso de los medios, tenemos la posibilidad de crear estos híbridos entre los que saben bastante de periodismo y análisis de datos, y quienes saben bastante de diseño. Así se crean brotes nuevos de talento que hacen las cosas de nuevas formas.

¿Cuáles son las características que diferencian a un diseñador convencional de un visualizador de datos?

Es una persona con pasión. Es como ser médico, se puede ser excelente, pero si solo se hace por cumplir el deber, nunca llegará más lejos.

Un visualizador de datos es un fanático, se enamora de los datos y eso lo hace trascender siempre el trabajo convencional.

Para poder contar historias analiza los datos y también busca entender su contexto y sus implicaciones.

Es lo mismo que hace un periodista que escribe basado en las conclusiones de su análisis de datos, se debe sentir la misma emoción.

Un visualizador de datos examina tendencias que se evidencian en la visualización de la información, busca explicaciones, sugiere ángulos noticiosos. Un diseñador convencional más bien espera a que el periodista le de todas las pautas.

¿Cómo debe de ser la relación y el flujo de trabajo ideal entre un visualizador de datos y un periodista, independientemente de si se dedica o no al análisis de datos?

Deben trabajar como complemento para lograr un gran producto. El periodista debe tener una idea clara de la investigación y de lo que quiere comunicar con los datos, pero trabajando con unidad con el visualizador, quien tendrá su propia visión sobre cómo presentar la información.

Si el diseñador solo aguarda las instrucciones del trabajo por parte del periodista o si el periodista deja todas las decisiones en manos del diseñador, el trabajo se quedará corto. Será solo un apoyo, no un complemento.

Pero si las dos partes se fusionan para hacer una sola pieza significa que el visualizador y el periodista que analizó los datos están hablando en el mismo idioma. Esa sincronía debe ser perfecta para que funcione el proyecto.

La base fundamental es el respeto por las demás personas. Hay periodistas que, simple y sencillamente, dicen: quiero en mi nota un gráfico de barras y punto. Te dicen: “no se ponga creativo”.

Ni siquiera explican de qué se trata la información en la que están trabajando y así no respetan el criterio de una persona que tiene una especialidad visual y que entiende que los gráficos no son solo un apoyo sino que complementan la noticia.

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Ya hablamos de su experiencia como diseñador que aprendió a ser periodista para visualizar datos, ¿qué necesita un periodista que quiere aprender también a pensar como diseñador?

Curiosidad. Suficiente para ir más allá. El periodista que tiene ese potencial es el que no solo toma notas de lo que uno dice, sino que también hace garabatos, aunque no separa dibujar, pero así transmite una idea en conceptos visuales. Ese es el periodista que puede convertirse en un híbrido, en un visualizador de datos.

¿Un periodista que gusta de la representación visual de sus ideas, no debería aprender también de técnicas de diseño, de color, herramientas, código, conocimientos básicos para incorporar a su deseo de pensar visualmente?

Si el periodista tiene roce diario con el diseñador aprenderá lo necesario.

 Trabajó ocho años en La Nación, ¿cuáles fueron las lecciones más valiosas que aprendió del periodismo?

La primera es, al día siguiente de lo publicado, con mirada fresca y crítica, revisar los errores que cometí, muchas veces por la prisa de publicar algo, tanto por las implicaciones de la producción diaria como por aquellas ocasiones en que un proyecto se apresuró. Hubo un caso en que, si hubiésemos tenido la paciencia para corroborar la información y verificarla, no se hubiese echado a perder lo que estaba previsto sería un buen producto.

Esa importancia de esperar, de ser paciente y corroborar la información antes de lanzarla tuve que aprenderla a las malas.

Lo segundo que aprendí, por las buenas, es el valor del equipo. El talento individual es bueno, pero no sirve de nada si no se tiene con quien jugar, sino compartimos la bola en la cancha.

En la Unidad de Data aprendí a jugar con la bola, a un nivel en que periodistas, diseñadores, ingenieros y demás involucrados estábamos a un mismo nivel y conversábamos sobre los proyectos porque todos entendíamos que tenemos el mismo valor y la importancia del papel que desempeñábamos.

¿En qué consiste su trabajo actual en el South China Morning Post, en Hong Kong?

El diario cuenta con excelentes artistas visuales para papel. Es un medio dedicado al impreso, pero desean tener un poco de lo que La Nación tiene hoy: historias digitales para consumo específico de público web. Quieren que esas historias estén muy bien hechas para la versión digital, tanto como las que ya hacen en papel.

Mi misión es transferir la experiencia y el éxito que tienen en el impreso a la plataforma digital, hacer piezas ajustadas para el público web que es diferente, darle usabilidad e interacción al trabajo.

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Conclusión:

Un visualizador de datos no está al servicio del periodista, ni viceversa. Ambos y todos los involucrados en un proyecto están al servicio de la gente que va a consumir esa información.

Todos son jugadores que tienen la misma importancia, están al mismo nivel, ocupando puestos distintos en la cancha, pero estratégicos para crear experiencias de usuario, no solo memorables, sino que informen y permitan a la gente tomar mejores decisiones.

Los gráficos no son accesorios para que un artículo se vea “más lindo”. Requieren de tanto o más tiempo para pensarse y producirse que lo que redactaremos. Si los gráficos no cuentan una historia en sí mismos, sino son claros, comprensibles, usables, capaces de informar y de generar conocimiento de un vistazo los convertimos en una pérdida de tiempo y de espacio.

Si desea explorar el trabajo de Marco Hernández puede visitar su sitio

Sígalo en Twitter: TmarcoH

 

 


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