Cinco razones para contar historias periodísticas con bases de datos

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¿Para qué sirven las bases de datos en Periodismo? Esos números que a veces nos parecen tan esotéricos o infalibles.

Para responder quiero contarle una historia, la de una docente, directora de una secundaria ubicada en un barrio de Limón, en el caribe costarricense.

Se llama Patricia Pinnock y la asusté cuando nos conocimos hace dos años. Llegué de sorpresa a su oficina y se imaginó lo peor cuando le dije: soy periodista.

¡Cómo no la iba a sobresaltar! En el pasado, su colegio, el diurno de Pacuare, había protagonizado noticias por violencia, drogas, robos y para rematar, una pandilla prendió fuego a sus instalaciones.  

Pero yo no estaba allí por esas noticias.

Abrí mi computadora y le dije: mire, vine porque analicé una base de datos de deserción estudiantil con información de cada colegio de Costa Rica y ninguno bajó tanto la fuga de alumnos como el que usted dirige. Quiero que me cuente, ¿por qué?

Patricia se quedó mirando aquella masa de números y variables de 643 colegios con datos de deserción entre 2011 y 2013.

Como la incredulidad persistía, ambas revisamos las actas de matrícula. Efectivamente, en aquél colegio ya no eran 80 los muchachos que renunciaban a los libros por año, sino 20.

A Patricia se le iluminaron los ojos, empezó a reírse y salimos de su oficina.

¿Qué fue lo que observé? Los pasillos estaban limpios, las paredes llenas de color y de murales, los salones estaban iluminados, los muebles en buen estado. Al fondo, en una cancha multiuso practicaba un equipo de basquetbol.

¿Cómo aquel colegio destrozado por el crimen del que habían huido todos sus alumnos en el 2009 se había transformado en este otro?

Cuando Patricia asumió el liderazgo del colegio un año después del vandalismo ningún padre de familia de Pacuare quiso matricular a sus hijos allí, la violencia del pasado los atemorizaba.

Entonces la directora y sus docentes tocaron la puerta de las casas del barrio donde había un adolescente. ¿Qué los haría regresar y persistir en los estudios? Seguridad, becas, comida, un equipo de básquet, otro de criquet, una banda musical con instrumentos nuevos, un festival de las artes.

De inmediato, docentes, padres y alumnos empezaron a trabajar para conseguirlo. Sus acciones influyeron positivamente en bajar la deserción.

Este es el especial interactivo que demostró cómo la mística de un grupo de docentes salvó a 6.000 colegiales de desertar en Costa Rica.

Antes de reportear esta historia que les acabo de contar, la que yo  tenía en la base de datos solo me decía que la deserción cayó 25 puntos porcentuales en el colegio de Pacuare, entre 2011 y 2013.

Eso era cierto, pero era solo un aceptable título de periodismo de escritorio.

Está claro que lo que valía la pena contar no era solo la estadística, sino las vivencias de los alumnos y profesores, cuyas acciones daban sentido a los datos. La historia del liceo de Pacuare se replicó en otros siete colegios que visitamos y que según los datos le iban ganando la pelea a la deserción.

¿Para qué sirven las bases de datos en Periodismo?

  1. Para encontrar y narrar una historia. Pero no la primera historia que se nos cruce en el camino, sino la mejor, la más fiel a la realidad detrás de un tema.
  2. Para no conformarnos con redactar sobre estadísticas generales, en las cuales se pierde la experiencia de quienes están detrás de aquellos números y les dan sentido.
  3. Para crear herramientas, como aplicaciones o visualizaciones, que permitan a los usuarios interactuar con los datos, encontrar y crear su propia historia, la de su más íntimo interés.
  4. Para no dar por ciertos, ante nuestros lectores, datos masticados por fuentes que a veces mal llamamos expertas, en un falso intento por dar profundidad a nuestras notas.
  5. Además de esas nuevas formas de narrar y de servir a la audiencia, las bases de datos nos sirven también para investigar, sacar a la luz lo que otros quieren esconder.

Créame, no pocos se arriesgan a ocultar actos indebidos entre números y fórmulas, valiéndose del histórico temor que los periodistas hemos expresado a cualquier cosa que huela a matemática.

Le cuento otra historia. Cada vez que en mi país íbamos a la estación a comprar combustible, pagábamos dinero extra por cada litro de nafta o diésel.

No sabíamos de ese cobro extra y mucho menos de que se usaba para que los industriales y los empresarios que arreglan las calles pagaran menos por su gas licuado de petróleo y su asfalto.

Durante ocho años ayudamos a subsidiarles 89 millones de dólares.

¿Cómo se descubrió la existencia de ese subsidio? Por una sospecha que mi colega Mercedes Agüero y yo teníamos de que algo, en la fórmula de precios de los combustibles, estaba alterado.

Nos obsesionamos con entender la lógica de la fórmula. Le metimos el bisturí y diseccionamos sus partes, ayudándonos con la creación manual de una base de datos.

La información la sacamos de 59 documentos de fijaciones de precios. Aquella base de datos fue vital para probar, la existencia del nocivo subsidio.

Pero no fue todo, a la par de su creación hubo una exhaustiva investigación documental para encontrar a los responsables y la forma en que escondieron la maniobra matemática.

Así, los indicios nos condujeron hacia el entonces Regulador de los Servicios Públicos, quien modificó la fórmula de precios en 2008.

Esta investigación reveló como una maniobra matemática hecha a finales de 2008 por la Autoridad Reguladora de los Servicios Públicos (Aresep), perjudicó a los consumidores de diésel y gasolina, quienes pagaron más caro el litro para que las empresas asfalteras y los usuarios del gas ahorraran millones con precios más bajos.

El regulador negó la existencia del subsidio. Pero teníamos, la evidencia de la base de datos, de documentos y la declaración de una de sus analistas tarifarias, de que actuaron bajo sus órdenes.

Un año después de esas revelaciones se modificó la fórmula de precios de los carburantes.

Para esto también sirven las bases de datos en Periodismo, de brújula para dirigir una investigación con impacto.

Y eso, el impacto, personalmente me importa más que el volumen de los datos con los que a diario trabajo. Esa base del subsidio, por ejemplo, incluía menos de 800 registros.

No podemos DEFINIR al periodismo de datos solo en términos de análisis de datos masivos. El volumen de los datos no es lo impresionante. Lo impresionante son las conclusiones precisas que se pueden sacar de una base de datos, tenga cientos o billones de registros.

Hablando de definiciones no debemos de olvidar que los periodistas no somos ni de investigación, ni de análisis de bases de datos, ni de economía, ni de medio ambiente, ni de escribir para técnicos.

Los periodistas somos, en esencia, de servicio a los demás, como diría Tomás Eloy Martínez.

Imagen tomada del sitio: Puro Periodismo de Chile.

Quizá se pregunte ¿por qué, además de este ejemplo del subsidio a los combustibles, escogí una historia positiva como la de la deserción?, ¿por qué elegirla en lugar de otra investigación en la que revelamos corrupción?

¿Dónde está la sangre de ese reportaje?, solía decirme uno de mis jefes.

Esa ha sido una de nuestras debilidades también. Creer que solo debemos de contar lo malo, lo terrible que está todo.

Lo positivo también se puede y se debe de confrontar. No se debe de banalizar ni reducir a la cursilería; no podemos ignorar que las historias de la gente y de los hechos que la rodean están llenas de contrastes que debemos de narrar, evidenciar.

Expongamos a los corruptos sin piedad, pero cuando encontremos una historia humana, de superación contra todos los pronósticos o de lucha férrea contra el sistema, expongámosla también con la misma pasión y profundidad.

Así como exaltamos la mística de los docentes en ese reportaje del que le hablé también denunciamos que permanecer en las aulas no basta si falta educación de calidad. Expusimos a quienes se les escapó el control de la deserción estudiantil y las fallas del sistema que lo propician.

En periodismo no hay temas light. Lo que hay son reporteros con enfoques light.

Nuestra falla es prejuzgar y etiquetar los temas.

En ese sentido otra debilidad ocurre cuando reducimos la investigación al crimen y a la corrupción política. Sacar de la agenda dura las consecuencias de la desigualdad social, de políticas públicas en salud o educación, entre otros temas que afectan la vida de las personas.

Investigar la consecuencia inmediata de un problema es válido, pero también llegar a las entrañas de la causa de fondo.

Ahora bien, usar bases de datos y tecnología no son sinónimos automáticos de buen periodismo.  Ambas son un medio, no un fin en sí mismas.

Herramientas que exigen una gran cuota de precisión y responsabilidad por parte del periodista que las utiliza. Herramientas que funcionan como un mapa del tesoro, nos guían al lugar donde están las mejores historias, los responsables y las pistas de sus ilícitos.

Pero no se puede pretender que el análisis de datos sea suficiente para publicar. No se puede olvidar que nuestra tarea siempre será hacer PERIODISMO, ir a los sitios y a las fuentes para confrontar números con realidad.

 El periodismo sigue y seguirá siendo asunto de gastar saliva, neuronas y las suelas de los zapatos. Allí radica el santo grial de la calidad que tanto buscamos en estos días.

 

 


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